Hace un
poco más de dos años yo estaba sirviendo una misión para mi iglesia en Sparks,
Nevada. Apenas había llegado allí
después de pasar un año en Las Vegas. Hasta
hoy en día no entiendo porque pero cuando llegué sentí un gran cambio en mi
actitud y en mi vida. De repente sentí
que había llegado a ser la persona que Dios quería que yo sea, o, mejor dicho,
que en este momento yo era la persona que Dios esperaba que sea. Obvio que me faltaban muchas experiencias
pero en este momento Dios podría moldearme.
Sentí confianza en mí mismo y yo sabía que con la ayuda de Dios, yo
podría confrontar a cada situación que vendría.
Hoy en la
iglesia el maestro mencionó que al compartir el evangelio debemos prestar
atención a los demás en vez de enfocarnos en nosotros mismos y los cambios que queremos
hacer en nuestras vidas. Al escuchar lo
que dijo el maestro pensé inmediatamente en esta experiencia que tuve en Sparks
y me di cuenta, más que dos años en el futuro que lo que me había pasado fue un
resultado directo de hacer esto. Al
enfocarme en las personas alrededor de mí el señor me había cambiado en la
manera que él quiso. Lo más interesante
es que no era la persona que antes quise ser pero me gustó los cambios de Dios
mejor que los que antes quería. Dos años
en adelante y todavía estoy aprendiendo de esta experiencia.
Tuve otra
experiencia esta semana que es relacionada aún que no parecerá al
principio. Hay algunas personas en mi
grupo de estudiantes que tienen una actitud….especial. Piensan que ya son Mexicanos pero, viendo de
lejos, veo que hay mucho todavía que les falta.
Yo solía tener la misma actitud hasta que tuve una clase de cultura en
BYU donde aprendí que cada persona tiene una diferente cultura. Hasta este momento yo sentí que no tenía
lugar en Provo, UT ni en cualquier otro lugar donde pasé la mayoría del tiempo
con estadunidenses (aun con mi propia familia a veces). Yo entiendo como mis compañeros se sienten, quieren
sentir parte de los que los rodean. La
diferencia es que viendo a mis experiencias me doy cuenta que nunca voy a poder
ser cien por ciento parte de la cultura mexicana porque siempre hay algo nuevo
para aprender.
Yo me di
cuenta que no quiero aprender hablar español como un gringo que habla español
(con acento o sin acento). Quiero
aprender utilizar español como los nativos lo cual requiere mucho más que
aprender algunas frases y jerga, requiere un cambio de la manera de entender el
mundo.
Miren este
video y tal vez entenderán como siento. Tengo
ganas conocer todo este mundo pero es algo que yo solito nunca voy a poder
lograr.
Es cierto
que solito no puedo hacerlo pero aprendí en la misión que al pensar en mi prójimo,
los cambios vendrán. No sé si es algo
que Dios quiere, tal vez tiene otro plan para mí pero yo sé que el plan que él
tiene para mí es mejor que el mío.
Estas dos
experiencias me han hecho maravillar sobre la capacidad de aprender. Ya casi dos años después, yo pensé que había
aprendido todo que podía de mis experiencias en la misión y ahora me toca
aprender de otras cosas pero ahora me doy cuenta que esta experiencia es parte
de mí, es parte de mi cultura y siempre lo tendré conmigo. Y a pesar que no comparto la misma
experiencia con los que me rodean, está bien porque los que me rodean formarán
su propia parte en mi cultura y mi aprendizaje, que van cambiando diariamente.