Por fin voy a escribir mis "pensamientos finales" de mi experiencia en México. Regresé a los Estados Unidos hasta 3 meses y muchos preguntarán por qué esperé tanto tiempo para escribir. La verdad es que yo tenía pensado escribir el día que regresé a los Estados Unidos pero hasta hoy no sabía que eran mis "palabras finales" sobre el tema. Hoy me di cuenta que al escribir esta entrada no estoy diciendo "adios" a México, a mis amigos ahí y a lo que aprendí ahí, y "hasta luego" tampoco, porque todo lo que ocurrió en este lugar precioso siempre estará parte de mí. No hay muchos días que no pienso en México. Es como he dicho en otras entradas: porque ellos son yo soy y aunque ya no estoy en México llevo en mi corazón las memorias, las risas, las lagrimas y todas las sonrisas que ven en estas fotos.
Mi gran amiga Katie me dijo ayer que lo importante que aprendió en Merida es que puede estar feliz donde sea que este. Estas palabras eran las que yo buscaba hace mucho tiempo. La gente me preguntan porque me gusta estar en Provo y porque me quiero ir también y nunca sé explicarlo y Katie me dio las palabras. En México me di cuenta que mi actitud es el único variable que tiene importancia. Yo quería estar en México y yo quería experimentar todo que me ofreció (¡hasta ir a un lugar de entrenamiento para la policía!) Es por esta experiencia tan única que creé que me di cuenta que mi futuro no es lejos y si yo quiero tener una experiencia especial hay que buscarla.
En mi clase de literatura española estudiábamos El Cid y la jornada de los héroes. Mi profesor (Profesor Stallings) nos dijo que, según los rasgos de un héroe, los estudiantes en la clases somos héroes. Lo tomé con poca importancia (¡palabras de un ser romántico!) pero cada día más me doy cuenta que es así. Tal vez no parece porque no he salido para encontrar el dragón que guarde el torre donde more la princesa de mis sueños o para vengarme de unos infantes españoles que violaron mis hijas. Pero todo esto (si sea real o no) son símbolos de nuestras vidas diarias y las pruebas que enfrentemos. En Mérida yo me vencí de un dragón que yo buscaba por más que un año y le doy gracias a Dios por haberme dado esta experiencia tan única. Él hizo mucho para asegurar que me fuera a México y por muchas razones yo necesitaba estar en Mérida viviendo con Eric y con la familia de Carmita yendo a la universidad Modelo pasándola bien con unos amigos inolvidables.
Si yo tuviera que dar un consejo especial que refleja mi experiencia en México sería que ocurren muchos momentos en la vida pero cada momento llega y desaparece antes de darnos cuenta que estaba ahí. Por eso hay que disfrutar cada momento, vivir cada momento sabiendo que nunca vas a poder tener este momento de regreso. Quedarán las memorias y la experiencia especial pero el momento en si nunca regresa. Por eso cada momento es importante y especialmente el momento que está ahora desapareciendo. Un día tendrás una vida llena de momentos especiales y preciosos y no hay nadie quien te los puede quitar.
Este fin de
semana fuimos a una ciudad que se llama Campeche. Está en el estado al oeste del estado Yucatán
donde nosotros vivimos. Es un puerta que
solía tener muchas problemas con piratas y es por esta razón que tiene fuertes
y una pared que rodea y proteja la parte antigua de la ciudad. Nosotros fuimos a dos de los fuertes y ahí se
puede ver claramente el mar. Estar en
Campeche fue difícil para mí porque hacía mucho calor y también estaba muy
húmedo y estaba yo recuperando de un dolor de garganta y solo querría entrar el
mar para sentirme a gusto. El problema
es que el mar de Campeche es sucio porque recibe las descargas del drenaje de
la ciudad entonces no es recomendable que entre en el agua para bañarse.
Yo andaba
sufriendo de sed todo el fin de semana sin poder satisfacerlo y con calor pero
cuando regresé a Mérida seguí en mal humor.
Sentí algo pesado en los hombros que me estaba cansando. Me puse a pensar y me di cuenta que lo que me
faltaba es un balance. Por ejemplo,
desde que llegué a México casi no he hecho ejercicio pero he comido
muchísimo. De igual manera, no he
escrito mucho desde que llegué aquí y para mí, no escribir y no hacer ejercicio
es como no comer y no dormir. Por eso,
salí a correr (y torcí mi tobillo…así es la ironía de mi vida) y me puse a
escribir.
Aunque no
me divertí mucho en Campeche hay una buena lección que se puede aprender de
Campeche: tener un balance en todo nos hace feliz. En Campeche, hace calor pero no se puede
entrar el agua tentara y por el calor es difícil que el agua se apacigüe la
sed. La vida es igual, vamos a ser infelices
si no hay un balance en todas las cosas.
Y ahora que
torcí mi tobillo estoy aprendiendo aún más de la importancia de tener un
balance en la vida pero esto es otro tema.
Hace un
poco más de dos años yo estaba sirviendo una misión para mi iglesia en Sparks,
Nevada. Apenas había llegado allí
después de pasar un año en Las Vegas. Hasta
hoy en día no entiendo porque pero cuando llegué sentí un gran cambio en mi
actitud y en mi vida. De repente sentí
que había llegado a ser la persona que Dios quería que yo sea, o, mejor dicho,
que en este momento yo era la persona que Dios esperaba que sea. Obvio que me faltaban muchas experiencias
pero en este momento Dios podría moldearme.
Sentí confianza en mí mismo y yo sabía que con la ayuda de Dios, yo
podría confrontar a cada situación que vendría.
Hoy en la
iglesia el maestro mencionó que al compartir el evangelio debemos prestar
atención a los demás en vez de enfocarnos en nosotros mismos y los cambios que queremos
hacer en nuestras vidas. Al escuchar lo
que dijo el maestro pensé inmediatamente en esta experiencia que tuve en Sparks
y me di cuenta, más que dos años en el futuro que lo que me había pasado fue un
resultado directo de hacer esto. Al
enfocarme en las personas alrededor de mí el señor me había cambiado en la
manera que él quiso. Lo más interesante
es que no era la persona que antes quise ser pero me gustó los cambios de Dios
mejor que los que antes quería. Dos años
en adelante y todavía estoy aprendiendo de esta experiencia.
Tuve otra
experiencia esta semana que es relacionada aún que no parecerá al
principio. Hay algunas personas en mi
grupo de estudiantes que tienen una actitud….especial. Piensan que ya son Mexicanos pero, viendo de
lejos, veo que hay mucho todavía que les falta.
Yo solía tener la misma actitud hasta que tuve una clase de cultura en
BYU donde aprendí que cada persona tiene una diferente cultura. Hasta este momento yo sentí que no tenía
lugar en Provo, UT ni en cualquier otro lugar donde pasé la mayoría del tiempo
con estadunidenses (aun con mi propia familia a veces). Yo entiendo como mis compañeros se sienten, quieren
sentir parte de los que los rodean. La
diferencia es que viendo a mis experiencias me doy cuenta que nunca voy a poder
ser cien por ciento parte de la cultura mexicana porque siempre hay algo nuevo
para aprender.
Yo me di
cuenta que no quiero aprender hablar español como un gringo que habla español
(con acento o sin acento). Quiero
aprender utilizar español como los nativos lo cual requiere mucho más que
aprender algunas frases y jerga, requiere un cambio de la manera de entender el
mundo.
Miren este
video y tal vez entenderán como siento. Tengo
ganas conocer todo este mundo pero es algo que yo solito nunca voy a poder
lograr.
Es cierto
que solito no puedo hacerlo pero aprendí en la misión que al pensar en mi prójimo,
los cambios vendrán. No sé si es algo
que Dios quiere, tal vez tiene otro plan para mí pero yo sé que el plan que él
tiene para mí es mejor que el mío.
Estas dos
experiencias me han hecho maravillar sobre la capacidad de aprender. Ya casi dos años después, yo pensé que había
aprendido todo que podía de mis experiencias en la misión y ahora me toca
aprender de otras cosas pero ahora me doy cuenta que esta experiencia es parte
de mí, es parte de mi cultura y siempre lo tendré conmigo. Y a pesar que no comparto la misma
experiencia con los que me rodean, está bien porque los que me rodean formarán
su propia parte en mi cultura y mi aprendizaje, que van cambiando diariamente.
Cada día nos enfrentamos personas disconocidas, lugares nuevos e información revelante. Pero aún no captamos completamente quienes son las personas con quienes compartimos nuestras vidas cada día. Diariamente hay cambios en este mundo y nunca se puede tener la misma experiencia dos veces. Los lugares cambian, la información y el entendimiento del mundo cambian en cada momento y los seres humanos son sujetos a aún más cambios.
En este blog espero poder entender más sobre estos cambios por medio de mis experiencias estudiando y viviendo en Merida, Mexico. Es una gran imposibilidad captar la belleza que es la vida y es con esta forma de pensar que empiezo a intentar lo que millones personas antes de mí lo han intentado: reproducir las maravillas de esta vida unica que vivo.
Este fin de semana fuimos
a Uxmal, unas ruinas de la civilización Maya cerca de Merida . Nuestro profesor estuvo con
nosotros y nos enseñó lo que significaban las diferentes partes del sitio. Yo me quedé impresionado por el simbolismo
que había ahí. Por ejemplo, sus templos
fueron hechos como símbolo de las montañas y eso no es muy lejos de lo que yo
creo. Cuando vi solamente el superficie de la
cultura, los Dioses, sacrificios humanos, coronas de plumas y disfraces de esqueletos
parecía que yo no iba a poder entenderles y solo sería algo interesante saber
pero al ver más allá del superficie me di cuenta que en unas maneras yo soy parte de ellos.
Una idea muy importante a la cultura es la
idea que yo soy porque somos. Estando en
su tierra santa yo sentí lo mismo. Aún
que no me había dado cuenta antes, los Maya son parte de mi vida igual como los
reyes de antiguo Inglaterra y Alejandro el Grande son parte de quien soy
yo. Porque ellos son, yo soy, porque tú
eres, yo soy. Aunque tal vez no te
conozco, tú formes un parte de mí.
Este idea es muy diferente que la manera
de pensar de los estadunidenses. En los
estados unidos el idea de que cada persona es un individual separado de los demás
no es solo común pero es la forma de pensar de casi todos.
Hoy vi en el camión unas palabras escritas atras del sillón en frente de mí. Al ver las
palabras yo me dije "No somos tan
diferentes." Aún que no conozco a la
persona que lo escribió yo sé que somos más similares que diferentes aunque crecimos en diferentes países en diferentes cultures porque ella es, yo soy.