Thursday, August 1, 2013

La ironía de Campeche

Este fin de semana fuimos a una ciudad que se llama Campeche.  Está en el estado al oeste del estado Yucatán donde nosotros vivimos.  Es un puerta que solía tener muchas problemas con piratas y es por esta razón que tiene fuertes y una pared que rodea y proteja la parte antigua de la ciudad.  Nosotros fuimos a dos de los fuertes y ahí se puede ver claramente el mar.  Estar en Campeche fue difícil para mí porque hacía mucho calor y también estaba muy húmedo y estaba yo recuperando de un dolor de garganta y solo querría entrar el mar para sentirme a gusto.  El problema es que el mar de Campeche es sucio porque recibe las descargas del drenaje de la ciudad entonces no es recomendable que entre en el agua para bañarse.

Yo andaba sufriendo de sed todo el fin de semana sin poder satisfacerlo y con calor pero cuando regresé a Mérida seguí en mal humor.  Sentí algo pesado en los hombros que me estaba cansando.  Me puse a pensar y me di cuenta que lo que me faltaba es un balance.  Por ejemplo, desde que llegué a México casi no he hecho ejercicio pero he comido muchísimo.  De igual manera, no he escrito mucho desde que llegué aquí y para mí, no escribir y no hacer ejercicio es como no comer y no dormir.  Por eso, salí a correr (y torcí mi tobillo…así es la ironía de mi vida) y me puse a escribir.
 
Aunque no me divertí mucho en Campeche hay una buena lección que se puede aprender de Campeche: tener un balance en todo nos hace feliz.  En Campeche, hace calor pero no se puede entrar el agua tentara y por el calor es difícil que el agua se apacigüe la sed.  La vida es igual, vamos a ser infelices si no hay un balance en todas las cosas.


Y ahora que torcí mi tobillo estoy aprendiendo aún más de la importancia de tener un balance en la vida pero esto es otro tema.