Yo andaba
sufriendo de sed todo el fin de semana sin poder satisfacerlo y con calor pero
cuando regresé a Mérida seguí en mal humor.
Sentí algo pesado en los hombros que me estaba cansando. Me puse a pensar y me di cuenta que lo que me
faltaba es un balance. Por ejemplo,
desde que llegué a México casi no he hecho ejercicio pero he comido
muchísimo. De igual manera, no he
escrito mucho desde que llegué aquí y para mí, no escribir y no hacer ejercicio
es como no comer y no dormir. Por eso,
salí a correr (y torcí mi tobillo…así es la ironía de mi vida) y me puse a
escribir.
Aunque no
me divertí mucho en Campeche hay una buena lección que se puede aprender de
Campeche: tener un balance en todo nos hace feliz. En Campeche, hace calor pero no se puede
entrar el agua tentara y por el calor es difícil que el agua se apacigüe la
sed. La vida es igual, vamos a ser infelices
si no hay un balance en todas las cosas.
Y ahora que
torcí mi tobillo estoy aprendiendo aún más de la importancia de tener un
balance en la vida pero esto es otro tema.