Andamos en caminos difíciles.
Son caminos largas acendiendo las montañas más altas. Vamos subiendo y
subiendo enfrentando prueba tras prueba hasta que lleguemos a la cima y a la
vez lleguemos a ser campeones del mundo (o algo ridículo así).
Es una metáfora bonita
pero falta algo. Decimos que el mejor
camino nunca es el camino fácil y tomamos lo más difícil pensando que es el
mejor. Pero la palabra “camino” sugiere
que alguien más ya ha caminado ahí. Al
tomar el camino difícil ya se sabe que es posible. Es difícil pero es posible. De verdad no es un riesgo. No perdemos nada al tomar el camino difícil. El camino fácil no nos lleva a dónde queremos
ir y el camino difícil nos lleva a la cima de la montaña pero todavía tenemos la
seguridad de que vamos a llegar al destino si seguimos caminando. No hay nada que temer.
El miedo es lo que nos
detenga. Si creamos un nuevo camino enfrentamos el miedo. Si nos levantamos las manos y saltamos del precipio más alto ¿qué pasará? Seguro que en la
vida real la gravedad nos matará pero en cuanto de nuestro progreso en la vida
no hay gravedad y llegaremos a nuevas alturas.
Si queremos llegar a
nuevas altitudes es necesario dejar el miedo en el valle y subir hasta los cielos
sin miedo de lo “malo” que nos va a ocurrir.